Anoche se fallaron los Pudendos de la Academia
Prisa arrasa y, entre El País y Alfaguara, se llevan casi el noventa por ciento de las preciadas estatuillas

La estatuilla elegida por la Academia para simbolizar sus galardones es una reproducción, al dos coma dos, de la que se conserva en el museo de Estambul del dios Pene, que fue objeto de culto en Anatolia hasta el siglo XVIII. Popularmente se la conoce por El Armado, nadie sabe por qué.
He aquí la relación de galardones y galardonados
Pudendo a la peor traducción al castellano de su esperanto original, Javier Marías, por Corazón tan blanco.
Pudendo a la peor novela que se ha escrito en todos los tiempos y lugares, al mismo, por Los enamoramientos.
Pudendo de latón con grelos, Arturo Pérez Reverte, por su papel de cocinero en Los cuartos de Flandes.
Pudendo al plagio más evidente, al mismo.
Pudendo a la mayor chorrada del siglo, al mismo, por haber registrado su nombre como marca comercial.
Pudendo al crítico más incompetente, Santos Sanz Villanueva.
Pudendo a la peor escribidora de reparto, Soledad Puértolas, por su discurso de ingreso en la Academia.
Pudendo al peor de los peores en todo, Juan Luis Cebrián, que todavía no ha aprendido a hacer palotes ni a sumar dos y dos.
Pudendo a la pseudonovela más sonrojante, al mismo, por Francomoribundia.
Pudendo al pudendo más acojonante, a Almudena Grandes, por su libro Castillos de cartón, en el que utiliza la expresión “polla acojonante” cinco veces en cada página.
Pudendo al rosario más devotamente rezado, Juan Manuel de Pradas.
Pudendo cuaresmal y de los Santos Inocentes, al mismo, por sus escritos en defensa del creacionismo.
Pudendo al doble chanchullo para ganar “sendos” premios, Alvaro Pombo.
Pudendo de gomina por su nuevo peinado, Luis Mateo Díez.
Pudendo por su defensa de la libertad de expresión, Elvira Lindo, que en cuanto puede ejerce de censora.
Pudendo a los mejores calzoncillos de diseño, Antonio Muñoz Molina.
Pudendo a los despertares más realistas, al mismo, por El viento de la luna, donde evoca con gran propiedad el olor a cebolla, a pies y a sus “correrías” nocturnas.
Pudendo a la más acabada expresión del analfabetismo ibero, a Rosa Regás, Maruja Torres y Elvira Lindo.
Pudendo al suplemento literario más parcial, María Luisa Blanco, directora de Babelia.
Subpudendo del anterior, Blanca Berasátegui, directora de El Cultural.
Pudendo a la más completa información sobre lo que se publica en las Islas Galápago, Zimbawe y Linchenstein, a Fernando Rodríguez Lafuente, director de ABC Cultural.
Pudendo denigrante a José Belmonte, por haber enunciado el Teorema de Belmontégoras, por el que intenta demostrar que Verte Repérez es mejor que Cervantes.
Pudendo a la crítica mejor lamedora de nalgas a José María Pozuelo Yvancos, Gonzalo Navajas, J.J. Armas Marcelo y Jordi Gracia ex aequo. Esta estatuilla va acompañada de un vaciado en terracota del trasero de Javier Marías.
Pudendo al mayor desconocimiento de lo que es una novela, a Espido Freire, por su labor de dirección de no se sabe cuántos talleres de creación antiliteraria, que anuncia en Segunda Mano y ocupa una página.
Pudendo a la traición a la cultura, Manuel Rodríguez Rivero.
Pudendo a las mejores escenas de terror, a Maruja Torres, por sus páginas autobiográficas.
Pudendo al crítico más voraz a Francisco Calvo Serraller, por haber intentado vender a sus padres para hamburguesas.
Pudendo del gremio de taxistas a Luis García Montero, por su verso inmortal “Tu me llamas, amor, yo cojo un taxi”.
Pudendo al erudito más pedante e ignorante, Francisco Rico.
Pudendo más imprudente al mismo, por su libro Los puticlubs en tiempos de Cervantes.
Pudendo autopudendado al mismo, por lo mucho que ha escrito sobre sí mismo.
Pudendo a la proeza de escribir mucho para no decir nada, Rosa Montero.
Pudendo a un moralista ejerciendo de inmoral en el chanchullo del Planeta, Fernando Savater.
Pudendo y que le den pudendos a Rosa Regás, por su libro Para el pueblo el chapapote, para mí el marisco. Esta estatuilla va acompañada de una servilleta de un metro cuadrado.
Pudendo al mejor cultivador de la cursilería, Antonio Gala, por sus obras completas.
Pudendo al mayor vacío de ideas en una obra muy amplia, Fernando Savater.
Pudendo extraordinario de la Conferencia Episcopal, el Estado Mayor del Ejército y el Sindicato de Obreros del Metal, a Victor García de la Concha, por el conjunto de su obra.
Pudendo a la mayor decepción, a José Manuel Blecua, nuevo director de la RAE, por seguir los pasos de su antecesor.
And introducing Ignacio Echevarría, que ha vuelto con el ánimo de aventajar a todos en todo. |