¿Qué representa La Fiera?

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Escrito por M. García Viñó   

El último amor y la última carta de Federico García Lorca

 

Voy a contar cómo y por qué me llevé, el 15 de mayo pasado, una de las mayores sorpresas que me he llevado en mi vida. Cuando desayunaba, tomé el número de El País del sábado anterior, que ni siquiera había hojeado. En la parte de abajo de la primera página, se anunciaba la publicación, en otras interiores, de la última carta escrita por García Lorca, fechada justamente el 18 de julio de 1936. Allí se resumía la misiva –unas palabras de amor, de mucho amor— a su último novio, un muchacho de Albacete, de 19 años entonces, llamado –aquí la sorpresa—Juan Ramírez de Lucas. Me parecía imposible que hubiese vivido otro albaceteño con el mismo nombre. De la imposible duda me sacó la fotografía que se publicaba, junto con otra de Lorca, en la página 45. Estoy seguro de que no he sido el único sorprendido por esta revelación.

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Escrito por Cascarrabias   

Los lectores de Marías (VI)
Unas curiosas ocurrencias o ¿a Marías le gusta el orden?

 

Hoy voy a hacer previamente una confesión personal que tiene que ver con la cuestión que seguirá. Soy un lector pasional, que no es lo mismo que un lector creyente (o ciego): o leo uno tras otro todos los textos de un autor que me interesa o que he descubierto o leo uno o dos de otro y ya no vuelvo a leerle, simplemente porque no me interesa. Y es que, para mí, un autor se refleja no en unas novelas sí y en otras no, se refleja en todas. Podrá perfeccionar su modo de relatar o su estilo, podrá evolucionar, pero difícilmente podrá jugar a ser otro, a no ser reconocible en su técnica narrativa, en su estilo, en su lenguaje. Marías creo que, de acuerdo con la consabida regla, es siempre fiel a sí mismo. Por todas partes y sobre todo va imponiendo su subjetivismo visceral. Y esto lo señalan también sus estudiosos, que unánimente hablan de una trayectoria que culminaría con su obra magna Tu rostro mañana. Sólo que, a la vez que se ha desarrollado esa trayectoria, se han ido inflando sus defectos y sus manías. Porque, en nuestra modesta opinión, sobre todo esta novela inacabable, por no decir insufrible, no es sino la elevación a la mayor potencia posible de todos los vicios de la escritura previa de Marías.

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Escrito por Bellido Dolfos   

Javier Marías, el nuevo Mago de Oz

 

Érase una vez una errata huérfana que fue encontrada por un lector en un libro de Javier Marías. La escandalosa noticia ha recorrido ya el mundo civilizado. Hasta el momento del hallazgo, todos creíamos que Marías era inmune a ellas precisamente por haber hecho de las erratas la sustancia única y necesaria de sus obras. Así, las erratas, que tanto divertían a Julio Cortázar, llegaron a ser inseparables de las novelas mariescas o marianas o javierinas. Sus mismos títulos solían ser citas erradas de Shakespeare, sin sentido ni contexto alguno. Los capítulos del correspondiente tostón se leían como una sucesión de anacolutos, dislates e inconsecuencias semánticas, pero, como da todo mal se saca algún bien y no hay libro tan malo que no contenga algo bueno, los lectores hallaron en los libros de Marías una gran ventaja: al leerlos se encariñaban con los errores y llegaban a comprenderlos íntimamente y a quererlos como algo propio y familiar.

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Escrito por Fernando G. Jaén   

Aniquilar la demanda nacional

 

(En la redacción de La Fiera, durante algunas de esas reuniones calientes que suelen terminar al amanecer, se ha discutido a veces sobre la conveniencia o no de publicar artículos que no sean estrictamente literarios. O culturales en general y en la acepción más restringida del término. La verdad es que no solemos hacer muchas excepciones y nos mantenemos consecuentes con las estrictas declaraciones de nuestro documento fundacional. Ya hace meses que publicamos un artículo en el que don Antonio García Trevijano explicaba. Por qué España no es una democracia. Se publicó bajo mi responsabilidad, lo mismo qué este de hoy, cuyo autor es profesor titular del Departamento de Economía y Empresa de la Universidad de Vic. Mis razones son las de que artículos como éstos se refieren a la base sociológica natural, al escenario en la que y en el que se desarrolla ese mundo de la cultura objeto de nuestros intereses y de los intereses de nuestros lectores.- Cristina Aguilar.)

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Escrito por Quercus Sempervivens   

La lavadora de Baudrillard

 

Jean Baudrillard dejó escrito en algún sitio que los objetos que consumimos no son más que signos y que no tienen una finalidad concreta en realidad. ¿Ocurrirá así con los libros de Javier Marías, que no necesitan ser leídos, o con Marías mismo? ¿Los críticos que jalean esos libros serán como los irreflexivos consumidores de Baudrillard? Mucho nos tememos que no, que el gusto de la gente está tan viciado por el marianismo ambiente que muchos de sus lectores lo han leído y que la presunta genialidad de ese novelista al revés, tan proclamada por Alexis Grohmann, Pozuelo, Rico y demás fariseos de la cultura, es lo que resulta ser un constructo o un producto de los mass media o del mundo consumista de Baudrillard: consumimos la supuesta genialidad de Marías, no sus libros. Él es el personaje y el producto. Su supuesta inteligencia como narrador, su pregonado ingenio y su poderoso intelecto son como la lavadora o el automóvil de Baudrillard: una cosa simbólica, un signo intercambiable, una idea de quita y pon.

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